Llevar el amor al aula es llevar la escucha, la atención, el interés por la singularidad de cada niña y cada niño, el cuidado, la comprensión, la pericia para abrir los conflictos sin violentar y otros muchos ingredientes, que pueden mezclarse de formas diversas en cada clase y en cada situación.
Además de vivir la experiencia de ser queridos o queridas, niñas y niños necesitan tener palabras para nombrarla, reconocerla y valorarla. Sin palabras es fácil que se les cuelen representaciones obtenidas a través de cuentos, mitos, películas, chats, etc. en los que se muestra el amor de una manera fantasiosa, acotada y estereotipada y que nada tiene que ver con el amor realmente vivido. Para los niños, la dificultad para reconocer y valorar el amor suele ser mayor, sobre todo, a medida que se van haciendo mayores, ya que, desde el modelo de masculinidad patriarcal, se les invita a considerarlo como algo ñoño y debilitante. Es una concepción de las cosas en la que se considera que reconocerse amoroso, abierto y sensible ante otra persona y, por tanto, mostrar la propia vulnerabilidad, es peligroso porque implica desarmarse y perder poder. Es una lógica que considera invalidante mostrarse tal como se es, o sea, como seres humanos que sienten y necesitan afecto para desarrollarse y crecer. Aunque, claro está, el deseo de amar y ser amados suele ser grande en todo ser humano; de ahí que no es extraño encontrarse con muchos niños y chicos que han sabido desmarcarse de esta lógica. Por su parte, es habitual que las niñas, tal como suelen ver hacer a sus madres o a las mujeres adultas que las acompañan, se muestren interesadas por todo lo relacionado con los afectos, las relaciones y el amor. Esto les permite enriquecer sus vidas y profundizar en sus relaciones, aunque, a veces, este interés no se encauza bien y las lleva a ser más vulnerables ante determinadas fantasías, mitos, idealizaciones y estereotipos que han constituido el modelo de "amor romántico" y que no les ayuda a reconocer y valorar el amor en su dimensión real. Por todo ello, nos parece fundamental dar un lugar privilegiado al amor en nuestras vidas y también en nuestras aulas, cuidarlo y poner palabras que permitan reconocer la realidad de las experiencias amorosas y, por tanto, dejar de alimentar ensoñaciones y fantasías que no ayudan dar un sentido libre a estas experiencias.
Cada niño y cada niña, cada ser humano, aprende a quererse a través de la experiencia de haber sido querido o querida. Esto significa, entre otras cosas que:
Como habrás visto, para desarrollar este epígrafe no hemos usado la palabra autoestima, porque nos parece que no representa realmente lo que queremos transmitir. Para nosotras, la experiencia de vivir el amor hacia sí tiene que ver con el amor recibido y, del mismo modo, se trata de una experiencia que despierta el amor hacia las y los demás.
Cuando alguien es realmente capaz de entenderse, tiene una mayor predisposición y apertura para entender a las demás personas. Cuando alguien se abre a lo que pasa en su interior, suele desarrollar una mayor empatía hacia lo que pasa en el interior de las y los demás. Cuando alguien confía en sus propias posibilidades, tiene una mayor facilidad para confiar en que cada cual tiene su propia manera de poner en juego su potencialidad, sin caer en la tentación de controlar o suplantar el desarrollo personal del otro o de la otra. Cuando alguien se cuida le resulta más fácil cuidar a otras personas, sin caer en la sobreprotección o en la asfixia.
¿Qué te sugiere este ejemplo? En una clase de Secundaria, a un chico que había tenido una vida difícil y residía en una casa de acogida desde los cuatro años, le costaba prestar atención a las clases e interrumpía con frecuencia en el transcurso de las mismas. A pesar de ello, él sintió que su tutora confiaba en su capacidad de estudio, se dio cuenta de que las chicas y los chicos deseaban que no interrumpiera tanto las clases pero que, junto a esto, eran capaces de ver que a él no le resultaba esto tan fácil como al resto, se sintió escuchado y querido. Todo eso le llevó a quererse más y a cambiar, a intentar respetar el ritmo de la clase y a tomar en consideración la necesidad de sus compañeras y compañeros.
En definitiva, lo que queremos decir es que amar y amarse van de la mano. Como dice Asún López, “cuando más centrada en mí misma estoy, más disponible estoy a la relación y cuanto menos centrada, menos disponible estoy.”
Los mitos del amor
Muchas películas, páginas web, comics, cuentos, etc. reproducen los mitos del amor romántico que, además de ser una idealización que no ayuda a que niñas y niños vivan y disfruten del amor en su dimensión real, les lleva a confundir algunas formas de violencia con amor. Estos son algunos de estos mitos:
Esta es la idea que se transmite cuando se dice que "esa pareja vivió un amor a primera vista que duró para siempre", o cuando una niña le pregunta a su madre o a su maestra cómo se sabe que se está enamorada y le responde: "lo sabrás, no te preocupes, lo sabrás…"
Con esta idea, es probable que niñas y niños identifiquen "flechazo" con "amor verdadero" y que sientan que lo que toca, tras esa fuerte atracción, es dejarse llevar por la corriente de la relación, como si ésta se creara por arte de magia, dando paso, más tarde, a la frustración de quien ve que las cosas no fluyen como estaba previsto.
Bajo este mito, como "una pescadilla que se muerde la cola", sentir que las cosas no son como estaban previstas les puede hacer pensar que la relación no funciona porque realmente no había suficiente amor.
A través de este mito, niñas y niños aprenden que quererse de verdad es acoplar su vida a la de otras personas, como si fueran piezas de un puzle que encajan a la perfección. Y esto, en el fondo, sólo puede darse cuando se fuerzan las cosas. Por ejemplo, cuando una niña cambia su forma de vestir para estar más acorde con la moda que llevan sus amigas o cuando un niño juega al fútbol sólo porque lo hace su mejor amigo, aunque en realidad prefiere jugar a otras cosas. O lo que es lo mismo, cuando alguien deja de estar presente con todo lo que es y pasa a representar un papel por miedo a que las piezas se desencajen.
Con esta forma de entender las cosas, el miedo al conflicto o a la mera discrepancia se hace grande porque se le identifica con falta de amor, cuando en realidad son muestras de que una relación está viva.
Esta es la idea que hay detrás de frases como "sin ti no soy nada" o "sin ti, me muero" que, de un modo más o menos poético, nos muestran a una persona que, por sí misma, no es nada. Una cosa es sentir tristeza o un vacío ante la ausencia de alguien y otra cosa bien distinta es "dejar de ser algo" por causa de esta ausencia.
Esta concepción del amor se transmite con más fuerza a las niñas a través del mito del "príncipe azul", haciéndoles creer que en el mundo existe un hombre capaz de colmar todos sus deseos, de llenar sus vacíos, de saciar sus necesidades. O sea, es un mito que nos invita a dejar la propia vida en manos de otra persona en nombre de una fantasía, ya que en realidad nadie tiene la capacidad de dar sentido a la vida de otro o de otra. Lo único que podemos hacer es dar un sentido propio a la relación que tengamos con otra persona, pero no al revés.
Son muchas las escenas románticas que niñas y niños han visto a lo largo de sus vidas: un primer beso en el que dos personas sellan su amor, alguien que hace malabarismos para estar cinco minutos con otra, una conversación en la que dos personas que apenas se conocen sienten una gran complicidad y apertura… Son escenas que, a menudo, les llevan a querer vivirlas tal cual las han visto, con la misma intensidad y la misma emoción. O lo que es lo mismo, son escenas que pueden llegar a prefijar su experiencia amorosa, acoplándola a un ideal y no a los propios deseos.
Del mismo modo, esto también les pasa cuando viven una experiencia muy gratificante con alguien y quieren revivirla tal como ocurrió. Y así, con la vana intención de reproducir un recuerdo, se reduce la posibilidad de disfrutar con lo que acontece en el momento presente y de crear una relación viva. Esto ocurre, por ejemplo, cuando una niña quiere vivir la misma emoción que sintió con otra niña en un viaje y llega a la conclusión de que ya no son tan amigas, cuando se da cuenta de que la relación ha cambiado y que no es igual que esa "primera vez".
No poder quitarse a alguien de la cabeza, sentir deseos de hablar todo el tiempo con ella y de saber qué está haciendo en todo momento, no es amor. Es una obsesión que a veces se despierta cuando nos enamoramos y que no es lo mismo que la enorme apertura que también sentimos en esos momentos.
La apertura nos hace querer ver a esa persona y a pensar mucho en ella, pero a la vez nos despierta la creatividad y el gusto por vivir diferentes facetas de la vida en las que ella o él no están presentes. La obsesión, en cambio, tiene que ver más con la inseguridad y la necesidad de control. Por ejemplo, no es lo mismo un mensajito al móvil que dice "pienso mucho en ti y me gustaría verte hoy" a otro que diga "me muero por verte, te paso a buscar dentro de un rato, ¿dónde estás?". Aprender a distinguir una de otra es fundamental para no caer en la asfixia, el sometimiento e, incluso, el maltrato.
Con este mito se cuela también la idea de que a más celos, más amor. Cuando, en realidad, los celos indican inseguridad, miedo al abandono o sentimientos de posesión hacia el otro o la otra. O sea, se trata de sentimientos que se dan con mucha frecuencia cuando nos enamoramos, pero que poco tienen que ver con el amor en sí mismo.
En este sentido, no es extraño, por ejemplo, que una chica deje de relacionarse con sus amigas para tranquilizar a su novio y hacerle ver que le quiere de verdad. Pero, cuando alguien hace una renuncia tan grande para agradar a otra persona, se instala el resentimiento y el empobrecimiento vital.
Por todo lo dicho, no es extraño que alguien llegue a la conclusión de que no vale la pena amar, porque eso implica atadura y pérdida de libertad. Esta idea ha estado tradicionalmente muy presente en el mundo masculino con frases como "ya te pillaron" o "se te acabó lo bueno".
Algunas veces, con el afán de que las alumnas y los alumnos no vivan el amor de un modo tan opresivo, se les enseña a desconfiar de las relaciones, a estar a la defensiva, a crear una muralla a su alrededor, para que nadie pueda acercarse demasiado. Y todo esto limita también sus posibilidades de relación.
El enamoramiento
Como seguramente has podido observar, las niñas y los niños, a edades cada vez más tempranas, forman parejas de "novios", sufren el rechazo amoroso, dibujan corazones, escriben notas amorosas, etc. Este conjunto de experiencias suelen ser vividas por niños y niñas con mucha seriedad e intensidad. En este sentido, la risa o la burla proveniente del mundo adulto no son bienvenidas en el mundo infantil y les llevan a dejar de contar lo que viven, a sentir vergüenza y rabia y, por tanto, a evitar el acompañamiento adulto para abordar estas situaciones.
La noción de noviazgo es bien diferente en la infancia y en la edad adulta. Aunque niñas y niños tienden a imitar a las personas adultas, dan significados distintos a estas experiencias. A veces, no es más que un juego simbólico en el que se entrenan en eso de formar pareja; otras veces, usan la palabra "novio/a" para sellar la relación con quien se sienten muy a gusto; en ocasiones, es simplemente un modo de expresar su curiosidad sobre cómo son los besos en los labios, etc. Por todo ello, es muy importante escuchar y no dar significados adultos a lo que en realidad significa otra cosa.
En este juego, hay niñas y niños que sufren por no ligar, por no gustar ni resultar atractivos o atractivas. Así, por ejemplo, una niña que tiene una enfermedad en la piel puede sentir que "nunca será atractiva para ningún niño", al darse cuenta de que algunos sienten asco ante lo que le pasa. Del mismo modo, un niño dulce y sensible puede sentirse mal, cuando se da cuenta de que a las niñas les gusta ser sus amigas pero no sus novias.
En este sentido, es importante que, desde la primera infancia, niñas y niños aprendan a descubrir el atractivo que todas y todos tenemos. Para lo cual, es necesario ayudarles a salirse de los estereotipos prefijados. Esto significa, por ejemplo, valorar la belleza que surge cuando una niña es capaz de expresar su singularidad y creatividad a través de su cuerpo, cuando logra ir más allá de esa otra noción de belleza que tiende a encorsetar el cuerpo femenino en un conjunto de medidas, formas o tamaños. Esto significa además reconocer la belleza y el atractivo que se trasluce en un niño que es capaz de expresarse con dulzura y sensibilidad y, por tanto, que no se pliega a los atributos asociados al estereotipo de "seductor" como son la fuerza o la autosuficiencia.
Del mismo modo, es necesario que niñas y niños aprendan a vivir el juego de la seducción como una forma más de expresión, de conocimiento y de aproximación y no como una lucha basada en la conquista, o sea, que los niños descubran que su valor no viene por conquistar a muchas chicas y que las niñas comprendan que su valor no viene por el interés de conquistarlas que despierta en los chicos. Es importante desmitificar esta lógica que, en realidad, les lleva a vivir el acercamiento al otro o a la otra como el colofón de una carrera de obstáculos y no como la posibilidad de crear relaciones significativas y de intercambio con las personas, sean de uno u otro sexo, por las que sienten atracción.
Los ingredientes del amor
Como ya habrás pensado, para ayudar a que tu alumnado pueda vivir sus relaciones amorosas con libertad y sin violencia, hace falta que hayas hecho una revisión de tus propias ideas sobre qué es el amor, ya que ser una persona adulta no es garantía de estar libre de estereotipos y de mitos. De tal modo que el deseo de educar en el amor nos puede ayudar a vivir nuestras propias experiencias amorosas con más libertad.
El amor surge en la propia relación. Se da cuando, además de la atracción, ganas de estar cerca y gusto al tocar la piel de determinada persona, hay también entendimiento, aceptación y apertura. Estos ingredientes hacen que una simple atracción o un gran flechazo puedan convertirse en una historia de amor. El amor, por tanto, no es algo que dura toda la vida por arte de magia. Su duración y profundidad dependerá de lo que una relación sea capaz de generar.
El amor es algo en movimiento que se presenta de una manera única en cada instante y en cada relación. Es creación, es el arte de abrirse a las experiencias y a la singularidad de cada persona, hacerse presente ante el otro o la otra y mantener viva la relación. Por todo ello, intentar cambiar a la persona a la que amamos o rechazar lo que le hace vibrar mata la posibilidad de relación e intercambio.
Para aprender todo esto, es importante que las alumnas y los alumnos aprendan a VER a las personas que quieren. Esto significa no dejarse atrapar por una idea prefabricada sobre esa persona que no les permita iniciar la aventura de descubrirla realmente, sabiendo que habrá cosas que les resulten atractivas y otras que les resulten difíciles de compartir. Esto implica llevar el corazón a terrenos concretos, relacionarse con una persona real y no con lo que la niña o el niño quieren que sea esa persona.
Esto significa también, una vez más, que los chicos se dispongan a enriquecerse con lo que son y hacen las chicas, que las chicas no magnifiquen ni idealicen la experiencia de los chicos para poder acogerla en su vertiente real, que los chicos aprendan a dejar la jerarquía fuera de sus relaciones y que las chicas sepan que son dispares entre sí. Y que unas y otros no rechacen la posibilidad de una relación amorosa con alguien de su mismo sexo.
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jueves, 3 de noviembre de 2016
El amor
La sexualidad
El ser humano, salvo algunas excepciones, se presenta en el mundo bajo dos formas distintas: la masculina y la femenina. O lo que es lo mismo, el ser humano puede ser de sexo masculino o de sexo femenino. Sabemos si alguien es de un sexo u otro por su cuerpo, no sólo por sus genitales u otro tipo de signo externo. Las células de los cuerpos femeninos tienen cromosomas XX (a excepción de las reproductoras que son sólo X) y las de los cuerpos masculinos tienen cromosomas XY (a excepción de las reproductoras, que son sólo X o sólo Y). O sea, un cuello, unos brazos o unas piernas, son un cuello, unos brazos o unas piernas de hombre o de mujer.
A menudo se usa la palabra "sexo" para hablar de sexualidad. O mejor, se usa la palabra sexo para hablar de "relaciones sexuales". O mejor aún, se usa la palabra sexo para hablar de "coito". Esta es una forma de nombrar las cosas que, además de dejar en suspenso el cuerpo sexuado, reduce la noción de sexualidad. En definitiva, hace falta ampliar nuestro vocabulario y precisar los términos para que chicas y chicos puedan nombrar la riqueza que implica ser cuerpo y las diferentes posibilidades de expresar la propia sexualidad.
La diferencia sexual
La experiencia de vivir en un cuerpo de mujer no es igual que la de vivir en un cuerpo de hombre, o sea, no es igual tener un sexo u otro. No es igual, por ejemplo, correr teniendo pechos de mujer que hacerlo con un pecho de hombre, o montar en bicicleta con genitales masculinos que con genitales femeninos. Tampoco es lo mismo cantar con una voz de mujer que con una voz de hombre y, por supuesto, no es igual vivir en un cuerpo que podrá albergar y gestar a una criatura dentro de sí que vivir en un cuerpo en el que esta posibilidad no está presente.
La diferencia sexual, como ya sabes, a diferencia del género, es la forma singular que cada cual tiene de vivir el propio sexo.
El androcentrismo dificulta vivir las posibilidades del propio sexo con libertad. Para explicar mejor esta idea, traemos aquí este ejemplo :
El androcentrismo dificulta vivir las posibilidades del propio sexo con libertad. Para explicar mejor esta idea, traemos aquí este ejemplo :
"Un chico y una chica deciden ir a una consulta sobre sexualidad. Él está preocupado (…) ya que no consigue mantener el coito el tiempo suficiente para que ella alcance el orgasmo.
(…) Aunque este chico y esta chica saben que las mujeres también tienen sexualidad, lo saben de un modo abstracto, sin tener conocimiento e información sobre la especificidad del cuerpo femenino, sin haber llegado a comprender del todo que el cuerpo femenino es diferente al masculino. O sea, ni él ni ella saben que lo más común es que una mujer no alcance el orgasmo a través del coito porque con esta práctica no suele darse una estimulación del clítoris. Quizás ni siquiera saben qué es el clítoris.”
(…) Aunque este chico y esta chica saben que las mujeres también tienen sexualidad, lo saben de un modo abstracto, sin tener conocimiento e información sobre la especificidad del cuerpo femenino, sin haber llegado a comprender del todo que el cuerpo femenino es diferente al masculino. O sea, ni él ni ella saben que lo más común es que una mujer no alcance el orgasmo a través del coito porque con esta práctica no suele darse una estimulación del clítoris. Quizás ni siquiera saben qué es el clítoris.”
Decir que no es lo mismo vivir en un cuerpo de hombre que en un cuerpo de mujer, no significa que haya una sola manera de vivir siendo mujer ni una sola manera de vivir siendo hombre, más bien al contrario. La relación que cada mujer tiene con su propio cuerpo es única, del mismo modo que la relación que cada hombre tiene con el suyo.
Por ejemplo, son muchas las maneras de vivir la sexualidad en un cuerpo en el que es posible un embarazo. Ante ello, algunas mujeres pueden sentir admiración hacia el propio cuerpo, otras pueden vivir esta posibilidad con miedo y hay las que pueden acoger este hecho con indiferencia.
Por ejemplo, son muchas las maneras de vivir la sexualidad en un cuerpo en el que es posible un embarazo. Ante ello, algunas mujeres pueden sentir admiración hacia el propio cuerpo, otras pueden vivir esta posibilidad con miedo y hay las que pueden acoger este hecho con indiferencia.
Del mismo modo, aunque se trate de una posibilidad con menor repercusión y trascendencia que la que presentamos en el ejemplo anterior, también son muchas las maneras de vivir el propio desnudo ante la posibilidad de una erección. Para algunos hombres esta posibilidad puede significar un modo de hacer ostentación de la propia virilidad, para otros algo sin mayor relevancia y hay los que la pueden vivir con vergüenza o incluso con miedo a violentar o a ser malinterpretado.
La forma de sentir el propio cuerpo sexuado varia en cada contexto histórico y/o cultural. Así, por ejemplo, no es igual vivir la posibilidad de maternidad cuando los anticonceptivos se dispensan con facilidad que cuando ni siquiera se conoce su existencia, o en un contexto en el que a las mujeres se las considera incompletas cuando no son madres que en otro donde a las mujeres se las considera de un modo más amplio.
Finalmente, cada mujer y cada hombre varían a lo largo de su vida el modo de sentir, significar y relacionarse con su propio cuerpo.
La forma de sentir el propio cuerpo sexuado varia en cada contexto histórico y/o cultural. Así, por ejemplo, no es igual vivir la posibilidad de maternidad cuando los anticonceptivos se dispensan con facilidad que cuando ni siquiera se conoce su existencia, o en un contexto en el que a las mujeres se las considera incompletas cuando no son madres que en otro donde a las mujeres se las considera de un modo más amplio.
Finalmente, cada mujer y cada hombre varían a lo largo de su vida el modo de sentir, significar y relacionarse con su propio cuerpo.
La sexualidad humana
Tal como hemos dicho al principio de este módulo, la sexualidad es una capacidad que conforma a cada ser humano y que nos permite sentir, vibrar y comunicarnos a través del propio cuerpo. Es algo que forma parte de lo que somos desde el mismo momento en el que nacemos y que permanece en nuestras vidas hasta que morimos. Con lo cual, cuando hablamos de educar la sexualidad, estamos hablando de hacer una educación, no sólo para el futuro de niñas y niños, sino también para vivir mejor su propio presente.
Esto no significa, claro está, que la experiencia de la sexualidad sea la misma en las criaturas pequeñas que en las personas adultas. En la medida que el cuerpo crece y cambia, la experiencia de la sexualidad también se transforma. Desde ahí, es fundamental no dar significados propios de la edad adulta a lo que en realidad tiene otros significados.
Por ejemplo, nada tiene que ver la experiencia de una niña de tres años que mira con curiosidad y toca "la colita" de un niño de su misma edad, que esa misma situación entre personas de veinte años. O sea, no es lo mismo una manifestación de curiosidad infantil que entablar una relación sexual tal como las entendemos y las vivimos las personas adultas.
La sexualidad se manifiesta de forma muy diversa a lo largo de una vida y está en continua transformación. Esto significa que todo ser humano, tenga la edad que tenga, haya tenido las vivencias que haya tenido, siempre tendrá algo nuevo por descubrir y aprender en torno a su propia sexualidad. Por ello, educar la sexualidad no es tratar una serie de contenidos claros y acotados, sino dialogar sobre una experiencia que se nos presenta de modos diversos y a veces imprevisibles en la propia vida.
La sexualidad se manifiesta de forma muy diversa a lo largo de una vida y está en continua transformación. Esto significa que todo ser humano, tenga la edad que tenga, haya tenido las vivencias que haya tenido, siempre tendrá algo nuevo por descubrir y aprender en torno a su propia sexualidad. Por ello, educar la sexualidad no es tratar una serie de contenidos claros y acotados, sino dialogar sobre una experiencia que se nos presenta de modos diversos y a veces imprevisibles en la propia vida.
La sexualidad está presente en el conjunto de nuestro cuerpo. De tal modo que educar la sexualidad es ayudar a que niñas y niños tomen conciencia de las posibilidades que tiene el conjunto de su cuerpo, de mantener vivo cada rincón de su piel y de usar esas posibilidades desde su creatividad y deseo.
Como habrás visto, estamos hablando de la sexualidad desde una perspectiva muy diferente de la que se nos presenta a través de diferentes medios que están al alcance de niñas y niños, como son, por ejemplo, algunos programas de televisión, diversas páginas web o determinados videojuegos. Ello implica, una vez más, la necesidad de dialogar con las ideas preconcebidas que las criaturas traen consigo, escuchar el sentido que dan a esas ideas y darles otros referentes más humanos.
Mitos
En un Instituto de Educación Secundaria, una educadora le preguntó a un grupo de chicas y chicos adolescentes a qué edad creían que empezaba la sexualidad en el ser humano. La gran mayoría dijo que la sexualidad empieza en el momento en que se tiene una mayor maduración física y emocional. Hubo incluso quienes pusieron una edad concreta, los 18 años.
Ante esta respuesta, la educadora les preguntó a qué llamaban sexualidad y, salvo alguna excepción, ellas y ellos hicieron referencia a prácticas coitales. Hubo quien dijo que la sexualidad es aquello que se hace para tener bebés. Sólo dos chicas plantearon una visión más amplia de la misma.
Ante esta respuesta, la educadora les preguntó a qué llamaban sexualidad y, salvo alguna excepción, ellas y ellos hicieron referencia a prácticas coitales. Hubo quien dijo que la sexualidad es aquello que se hace para tener bebés. Sólo dos chicas plantearon una visión más amplia de la misma.
Fuente: www.elpais.com
Con esta conversación, la educadora descubrió que, en general, estos chicos y chicas tenían una visión constreñida de la sexualidad que dejaba fuera otras formas de expresión corporal y de relación piel con piel. Hablaron de la sexualidad como si ésta sólo estuviera en los genitales (y no en todo el cuerpo), sólo se manifestara a través de relaciones sexuales coitales entre un hombre y una mujer (y no pudiera ser vivida de otras muchas maneras y entre personas del mismo sexo), sólo existiera en la edad adulta (y no a lo largo de una vida), etc.
En general, las chicas y algunos chicos hablaron de las relaciones sexuales como algo que ocurre entre dos personas que se quieren o que, al menos, sienten cariño e interés por profundizar en la comunicación con el otro o la otra. Otros chicos, en cambio, plantearon un modelo de sexualidad desvinculado de los afectos nombrándola con palabras sacadas de "anuncios de contactos". Uno de los chicos intentó provocar a la educadora diciéndole que él no necesitaba que nadie le explicara qué era o qué no era la sexualidad, ya que, según él, le bastaba pagar a una mujer para aprenderlo.
De este modo burdo y violento, este chico puso sobre la mesa una forma de entender la sexualidad que también circula con fuerza en nuestro mundo: una cuestión técnica y mecánica desvinculada de los sentimientos y de la comunicación, que rebaja al cuerpo femenino a un simple objeto de consumo.
Se trata, por tanto, de una forma violenta de entender las relaciones sexuales, ya que lo que se pone en juego no es la relación de intercambio sino el poder de usar otro cuerpo. Y, allí donde existe violencia, hay un repliegue de la sexualidad.
La educadora le contestó que le daba pena que él quisiera vivir su sexualidad de ese modo, reduciéndola a simples contactos sexuales, ante lo cual él se quedó sorprendido porque lo que se esperaba era un sermón moral y no una puerta para vivir una sexualidad más sana y, a la vez, más creativa y plena.
En general, esta forma de hablar de la sexualidad no siempre coincide con la sexualidad deseada.
De este modo burdo y violento, este chico puso sobre la mesa una forma de entender la sexualidad que también circula con fuerza en nuestro mundo: una cuestión técnica y mecánica desvinculada de los sentimientos y de la comunicación, que rebaja al cuerpo femenino a un simple objeto de consumo.
Se trata, por tanto, de una forma violenta de entender las relaciones sexuales, ya que lo que se pone en juego no es la relación de intercambio sino el poder de usar otro cuerpo. Y, allí donde existe violencia, hay un repliegue de la sexualidad.
La educadora le contestó que le daba pena que él quisiera vivir su sexualidad de ese modo, reduciéndola a simples contactos sexuales, ante lo cual él se quedó sorprendido porque lo que se esperaba era un sermón moral y no una puerta para vivir una sexualidad más sana y, a la vez, más creativa y plena.
En general, esta forma de hablar de la sexualidad no siempre coincide con la sexualidad deseada.
La educación sexual
Si estás de acuerdo con nosotras en que la sexualidad es algo que nos conforma, estarás también de acuerdo que se trata de algo que no podemos dejar en casa cuando vamos camino de la escuela o dejar fuera del aula en el momento en el que cerramos la puerta.
El modo que tienes de expresarte con tu cuerpo mientras enseñas, de mostrar o de no mostrar tu propia feminidad o masculinidad, de entablar una relación más o menos cálida con tu alumnado, de ruborizarte o de reírte ante determinados comentarios o preguntas, de hablar o de no hablar sobre cuestiones relacionadas con el cuerpo y las relaciones afectivas, es el modo en el que estás educando en la sexualidad, ya que con todo ello, estás transmitiendo ideas, más o menos explícitas, sobre qué piensas y qué sientes en torno a esa capacidad humana.
El modo que tienes de expresarte con tu cuerpo mientras enseñas, de mostrar o de no mostrar tu propia feminidad o masculinidad, de entablar una relación más o menos cálida con tu alumnado, de ruborizarte o de reírte ante determinados comentarios o preguntas, de hablar o de no hablar sobre cuestiones relacionadas con el cuerpo y las relaciones afectivas, es el modo en el que estás educando en la sexualidad, ya que con todo ello, estás transmitiendo ideas, más o menos explícitas, sobre qué piensas y qué sientes en torno a esa capacidad humana.
El modo de enseñar, de comunicarnos, de relacionarnos con nuestro alumnado transmite una forma de entender la sexualidad.
Ocultar, no permitir el diálogo sobre estas cuestiones, evadir preguntas, mirar para otro lado, son también maneras de hacer educación sexual porque, con este tipo de actitud, se dan mensajes sobre el lugar y el peso de la sexualidad en la vida, en el pensamiento, en el aprendizaje.
Si siempre estamos haciendo educación sexual, es mejor tomarse en serio esta tarea y hacerla de forma consciente para poder transmitir realmente aquello que queremos transmitir.
Si siempre estamos haciendo educación sexual, es mejor tomarse en serio esta tarea y hacerla de forma consciente para poder transmitir realmente aquello que queremos transmitir.
En muchas aulas, se hace referencia solo a los componentes biológicos de la sexualidad como son el desarrollo corporal de mujeres y hombres, el papel que juegan las hormonas en todo ello, cómo se produce la gestación humana, etc. Junto a esto, es habitual también, que el centro de la reflexión gire en torno a los peligros que determinadas prácticas sexuales pueden entrañar, como son los embarazos no deseados o las enfermedades de transmisión sexual, y también sobre la necesidad de evitar los abusos sexuales.
Todo ello, siendo importante y necesario, deja fuera lo fundamental: qué es la sexualidad, qué papel juega en nuestras vidas, cómo vivimos y ponemos en juego esa capacidad de expresar afectos y comunicar sensaciones a través del cuerpo sexuado. Quizás por ello, cuando la tutora de un Instituto de Educación Secundaria le preguntó a un grupo de estudiantes qué les gustaría tratar a lo largo del curso, dijeron que "cualquier cosa, menos drogas y sexualidad".
Todo ello, siendo importante y necesario, deja fuera lo fundamental: qué es la sexualidad, qué papel juega en nuestras vidas, cómo vivimos y ponemos en juego esa capacidad de expresar afectos y comunicar sensaciones a través del cuerpo sexuado. Quizás por ello, cuando la tutora de un Instituto de Educación Secundaria le preguntó a un grupo de estudiantes qué les gustaría tratar a lo largo del curso, dijeron que "cualquier cosa, menos drogas y sexualidad".
Para hacer educación sexual de forma consciente no hace falta tener grandes conocimientos o habilidades. Lo importante es tener ganas de escuchar y dialogar sobre los interrogantes, inquietudes, intereses y experiencias de niñas y niños. Y, sobre todo, hacerlo con honestidad, o sea, con lo que en realidad somos, mostrando aquello que sabemos y también lo que no sabemos, aquello que sentimos y no sentimos. No hace falta decir ni hacer nada que nos haga sentir mal ni fingir que "estamos de vuelta" de cosas que realmente no estamos. Se trata simplemente de estar en disposición de entablar una relación real, en la que tanto docente como alumnado puedan descubrir cosas nuevas sobre sí y sobre lo que les rodea.
A veces, cuando se dice que debemos tratar la sexualidad con "naturalidad", lo que nos quieren decir en realidad es que finjamos vivir con tranquilidad lo que en realidad nos resulta difícil. Esto ocurre cuando se considera que "ser natural" es reproducir un determinado cliché, invitándonos a hacer teatro y pasar por encima de lo que realmente somos y sentimos. Pero, esto, de forma paradójica, nos lleva a establecer relaciones artificiales. Es más, con nuestra actitud y nuestro ejemplo, lo que estamos enseñando a las criaturas es a doblegarse ante un papel prefabricado y no a interrogarse a partir de la propia experiencia y a respetar los propios sentimientos e ideas.
Por ello, para hablar sobre la sexualidad, del mismo modo que para hablar sobre cualquier otra cosa relacionada con la vida, es importante no dar la espalda a los propios miedos, deseos, sentimientos y prejuicios. Por el contrario, se trata de tomar todo esto como el punto de partida, como un lugar desde el cuál plantearse qué hacer desde ahí, cómo abordar la educación sexual con lo que hay, de la mejor manera posible, sin que este ejercicio se vuelva en contra nuestra.
Fíjate en estos dos ejemplos:
- Una niña de tres años se toca sus genitales en el transcurso de la clase y eso le resulta violento a su maestra. Ésta le puede decir como eso le hace sentir, por qué le hace sentir así (o sea, le puede hablar de la educación que recibió cuando era niña) y también cómo le gustaría que lo viviera la propia niña (o sea, le puede hablar de su deseo de que esta niña viva la relación con su propio cuerpo con más libertad de como lo ha vivido ella). Y, además, puede aprovechar ese momento para explicarle que esta práctica se hace en la intimidad y no delante de otras personas, pero que no se trata de algo malo, sino todo lo contrario.
- Un chico de catorce años se abraza impulsivamente a su profesor cuando se entera que ha sido seleccionado para jugar en la liguilla de baloncesto del Instituto y el profesor se siente un poco aturdido. Esta es una oportunidad estupenda para que este profesor le explique que no está acostumbrado a este tipo de abrazos, que le gusta mucho que le exprese su emoción y afecto con esa confianza pero que prefiere que la próxima vez lo haga con más cuidado, y que le gusta que los chicos de hoy no tengan las mismas trabas que tuvo él en relación al contacto corporal con otros hombres. De este modo, le estará enseñando a tomar en cuenta a la otra persona cuando se acerca a ella, a valorar la relación corporal con otros hombres sabiendo que cada cual tiene una sensibilidad diferente y, por tanto, que con cada persona puede llegar a establecer un tipo de contacto corporal diferente
- Hablar de Sexualidad
- Quizás te preguntes cómo hablar sobre sexualidad sin violentar ni violentarte. O tal vez lo estés haciendo ya.En primer lugar, se trata de escuchar: La escucha se da cuando hay aceptación. Implica tomar muy en serio lo que siente la niña o al niño y no olvidarse de que él o ella, aunque le falten palabras y la experiencia para comprender esas sensaciones, es quien mejor sabe cómo vive las cosas. Interpretar, juzgar o anticiparse a lo que nos quieren expresar no es escuchar; tampoco lo es hacer trampa para sacarles información, sino intentar comprender qué está sintiendo y viviendo.Imagina a una profesora que opta por escuchar con cuidado y atención a una niña que encuentra llorando en el baño porque, según dice, le acaba de venir su primera menstruación; hará que esta niña se sienta vista y entendida. Del mismo modo, podrá comprender que ella tiene miedo a crecer y a hacerse mayor. Es más, es probable que, sintiéndose comprendida, esta chica se sienta más inclinada a escuchar a su profesora. Por el contrario, si esta maestra hubiera actuado sin escuchar, es fácil que sus consejos e informaciones estén desligados del problema real de esta chica, de su miedo a crecer y que, por tanto, caigan en saco roto.No se trata de escuchar sólo sus sentimientos, sino de tomar muy en serio también sus inquietudes o preguntas.Así, por ejemplo, si un niño de seis años pregunta por qué las mujeres tienen pechos, le podemos devolver la pregunta para ver qué sabe. Le podemos contar cómo crecen los pechos cuando una mujer se embaraza y cómo eso le permite dar leche al bebé cuando nace; le podemos hablar (si somos mujeres) de cómo nos han ido creciendo los pechos a lo largo de nuestra vida y, si hemos tenido la experiencia de dar de mamar, cómo hemos vivido esta experiencia. Le podemos preguntar si le gusta ver a una mujer dando de mamar a un bebé, si se acuerda de cuando era pequeño y su madre le dio de mamar, etc. Y, si vemos que la conversación da de sí, le podemos explicar además la violencia que sienten muchas mujeres cuando se las valora por el tamaño de sus pechos.Escuchar y tomar en serio las preguntas e inquietudes de chicas y chicos no significa dejar de dar la información que nos parece que es importante que tengan, aunque se trate de una información que no hayan demandado y que tampoco hayan mostrado ningún interés especial hacia ella. Aunque, claro está, para ello es necesario conectar aquello que les queremos decir con sus deseos y necesidades, para que no se transforme en una información vivida como "un rollo más".Para acabar este epígrafe, queremos señalar que no es lo mismo hablar sobre sexualidad siendo un hombre que siendo una mujer. Por ejemplo, volviendo al ejemplo anterior, una mujer puede hablar desde su propia experiencia corpórea de tener pechos, mientras que un hombre puede hablar desde su diferencia y desde lo que sabe sobre el cuerpo femenino. Tampoco es igual escuchar a una niña a la que le cuesta aceptar su propia menstruación siendo de uno u otro sexo. Con una mujer, esta niña puede entablar un diálogo de "mujer a mujer", mientras que con un hombre ella puede expresar esa experiencia desde su diferencia de ser mujer que él, como hombre, puede escuchar y acoger, pero no vivir en la propia piel.Esto no quiere decir que unos u otras no podamos hablar sobre todas las cuestiones relacionadas con el amor y la sexualidad por pertenecer a un sexo y no al otro. Más bien al contrario, hombres y mujeres podemos dialogar sobre cualquier inquietud manifestada por niñas y niños, pero sabiendo que ese diálogo cobrará matices diferentes en función de nuestro sexo y esto, aunque a veces puede ser una limitación, es fundamentalmente una riqueza.
Cuestionario
Formulario
Resuelve las siguientes preguntas:
Según lo que sabemos de "sexuación humana y el amor", hay algunas preguntas que nos formulamos y quisimos compartirlas.
3.¿Podemos inferir en nuestra identidad sexual?
R/ Por supuesto, somos nosotros los únicos que decidimos como nos queremos sentir y qué queremos hacer con nuestro cuerpo y vida.
2. ¿Llegar a la etapa de la sexualidad es bueno o malo?
R/ No es ni bueno ni malo, debemos tener la autonomía suficiente para decidir cuando comenzar nuestra vida sexual y hacernos responsables de la misma.
3. ¿Debemos creer en todo lo que nos cuentan?
R/ No, creer en todo sería un error ya que algunas cosas pueden ser mitos, así que debemos verificarlo nosotros mismos para poder argumentar y tener credibilidad de las cosas.
4. ¿Es la educación sexual importante en la vida?
R/ Claro que sí, de esa manera nos mantendremos al tanto de lo que es bueno y lo que no lo es. Por ese motivo debemos exigir que se nos instruya sobre el tema.
5. ¿Hablar sobre sexualidad es necesario?
R/ Sí, necesitamos dialogar para saber desde un punto de experiencia.
6. ¿Cómo podemos demostrarnos amor propio?
R/ Cuando nos reconocemos de manera individual los logros obtenidos.
7. ¿Hasta qué edad se considera necesaria la amistad con un grupo de personas?
R/ No hay límite de edad. La verdad es que siempre vamos a necesitar de las personas a nuestro al rededor para poder tener completa nuestra vida?
8. ¿Serán ciertos los mitos del amor?
R/ No todos, como decíamos anteriormente, debemos comprobar todo por nosotros mismos antes de creerlo.
9. ¿Existe el enamoramiento?
R/ Claro, hay personas que lo comprueban y son un reflejo de que el amor existe verdaderamente.
10. ¿Hay algún ingrediente secreto para el amor?
R/ Más que el amor por la otra persona y por sí mismo, es el respeto y la confianza, pues estas son las bases que sostienen una relación desde tiempos remotos.
Según lo que sabemos de "sexuación humana y el amor", hay algunas preguntas que nos formulamos y quisimos compartirlas.
3.¿Podemos inferir en nuestra identidad sexual?
R/ Por supuesto, somos nosotros los únicos que decidimos como nos queremos sentir y qué queremos hacer con nuestro cuerpo y vida.
2. ¿Llegar a la etapa de la sexualidad es bueno o malo?
R/ No es ni bueno ni malo, debemos tener la autonomía suficiente para decidir cuando comenzar nuestra vida sexual y hacernos responsables de la misma.
3. ¿Debemos creer en todo lo que nos cuentan?
R/ No, creer en todo sería un error ya que algunas cosas pueden ser mitos, así que debemos verificarlo nosotros mismos para poder argumentar y tener credibilidad de las cosas.
4. ¿Es la educación sexual importante en la vida?
R/ Claro que sí, de esa manera nos mantendremos al tanto de lo que es bueno y lo que no lo es. Por ese motivo debemos exigir que se nos instruya sobre el tema.
5. ¿Hablar sobre sexualidad es necesario?
R/ Sí, necesitamos dialogar para saber desde un punto de experiencia.
6. ¿Cómo podemos demostrarnos amor propio?
R/ Cuando nos reconocemos de manera individual los logros obtenidos.
7. ¿Hasta qué edad se considera necesaria la amistad con un grupo de personas?
R/ No hay límite de edad. La verdad es que siempre vamos a necesitar de las personas a nuestro al rededor para poder tener completa nuestra vida?
8. ¿Serán ciertos los mitos del amor?
R/ No todos, como decíamos anteriormente, debemos comprobar todo por nosotros mismos antes de creerlo.
9. ¿Existe el enamoramiento?
R/ Claro, hay personas que lo comprueban y son un reflejo de que el amor existe verdaderamente.
10. ¿Hay algún ingrediente secreto para el amor?
R/ Más que el amor por la otra persona y por sí mismo, es el respeto y la confianza, pues estas son las bases que sostienen una relación desde tiempos remotos.
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