
El ser humano, salvo algunas excepciones, se presenta en el mundo bajo dos formas distintas: la masculina y la femenina. O lo que es lo mismo, el ser humano puede ser de sexo masculino o de sexo femenino. Sabemos si alguien es de un sexo u otro por su cuerpo, no sólo por sus genitales u otro tipo de signo externo. Las células de los cuerpos femeninos tienen cromosomas XX (a excepción de las reproductoras que son sólo X) y las de los cuerpos masculinos tienen cromosomas XY (a excepción de las reproductoras, que son sólo X o sólo Y). O sea, un cuello, unos brazos o unas piernas, son un cuello, unos brazos o unas piernas de hombre o de mujer.
A menudo se usa la palabra "sexo" para hablar de sexualidad. O mejor, se usa la palabra sexo para hablar de "relaciones sexuales". O mejor aún, se usa la palabra sexo para hablar de "coito". Esta es una forma de nombrar las cosas que, además de dejar en suspenso el cuerpo sexuado, reduce la noción de sexualidad. En definitiva, hace falta ampliar nuestro vocabulario y precisar los términos para que chicas y chicos puedan nombrar la riqueza que implica ser cuerpo y las diferentes posibilidades de expresar la propia sexualidad.
La diferencia sexual
La experiencia de vivir en un cuerpo de mujer no es igual que la de vivir en un cuerpo de hombre, o sea, no es igual tener un sexo u otro. No es igual, por ejemplo, correr teniendo pechos de mujer que hacerlo con un pecho de hombre, o montar en bicicleta con genitales masculinos que con genitales femeninos. Tampoco es lo mismo cantar con una voz de mujer que con una voz de hombre y, por supuesto, no es igual vivir en un cuerpo que podrá albergar y gestar a una criatura dentro de sí que vivir en un cuerpo en el que esta posibilidad no está presente.
La diferencia sexual, como ya sabes, a diferencia del género, es la forma singular que cada cual tiene de vivir el propio sexo.
El androcentrismo dificulta vivir las posibilidades del propio sexo con libertad. Para explicar mejor esta idea, traemos aquí este ejemplo :
El androcentrismo dificulta vivir las posibilidades del propio sexo con libertad. Para explicar mejor esta idea, traemos aquí este ejemplo :
"Un chico y una chica deciden ir a una consulta sobre sexualidad. Él está preocupado (…) ya que no consigue mantener el coito el tiempo suficiente para que ella alcance el orgasmo.
(…) Aunque este chico y esta chica saben que las mujeres también tienen sexualidad, lo saben de un modo abstracto, sin tener conocimiento e información sobre la especificidad del cuerpo femenino, sin haber llegado a comprender del todo que el cuerpo femenino es diferente al masculino. O sea, ni él ni ella saben que lo más común es que una mujer no alcance el orgasmo a través del coito porque con esta práctica no suele darse una estimulación del clítoris. Quizás ni siquiera saben qué es el clítoris.”
(…) Aunque este chico y esta chica saben que las mujeres también tienen sexualidad, lo saben de un modo abstracto, sin tener conocimiento e información sobre la especificidad del cuerpo femenino, sin haber llegado a comprender del todo que el cuerpo femenino es diferente al masculino. O sea, ni él ni ella saben que lo más común es que una mujer no alcance el orgasmo a través del coito porque con esta práctica no suele darse una estimulación del clítoris. Quizás ni siquiera saben qué es el clítoris.”
Decir que no es lo mismo vivir en un cuerpo de hombre que en un cuerpo de mujer, no significa que haya una sola manera de vivir siendo mujer ni una sola manera de vivir siendo hombre, más bien al contrario. La relación que cada mujer tiene con su propio cuerpo es única, del mismo modo que la relación que cada hombre tiene con el suyo.
Por ejemplo, son muchas las maneras de vivir la sexualidad en un cuerpo en el que es posible un embarazo. Ante ello, algunas mujeres pueden sentir admiración hacia el propio cuerpo, otras pueden vivir esta posibilidad con miedo y hay las que pueden acoger este hecho con indiferencia.
Por ejemplo, son muchas las maneras de vivir la sexualidad en un cuerpo en el que es posible un embarazo. Ante ello, algunas mujeres pueden sentir admiración hacia el propio cuerpo, otras pueden vivir esta posibilidad con miedo y hay las que pueden acoger este hecho con indiferencia.
Del mismo modo, aunque se trate de una posibilidad con menor repercusión y trascendencia que la que presentamos en el ejemplo anterior, también son muchas las maneras de vivir el propio desnudo ante la posibilidad de una erección. Para algunos hombres esta posibilidad puede significar un modo de hacer ostentación de la propia virilidad, para otros algo sin mayor relevancia y hay los que la pueden vivir con vergüenza o incluso con miedo a violentar o a ser malinterpretado.
La forma de sentir el propio cuerpo sexuado varia en cada contexto histórico y/o cultural. Así, por ejemplo, no es igual vivir la posibilidad de maternidad cuando los anticonceptivos se dispensan con facilidad que cuando ni siquiera se conoce su existencia, o en un contexto en el que a las mujeres se las considera incompletas cuando no son madres que en otro donde a las mujeres se las considera de un modo más amplio.
Finalmente, cada mujer y cada hombre varían a lo largo de su vida el modo de sentir, significar y relacionarse con su propio cuerpo.
La forma de sentir el propio cuerpo sexuado varia en cada contexto histórico y/o cultural. Así, por ejemplo, no es igual vivir la posibilidad de maternidad cuando los anticonceptivos se dispensan con facilidad que cuando ni siquiera se conoce su existencia, o en un contexto en el que a las mujeres se las considera incompletas cuando no son madres que en otro donde a las mujeres se las considera de un modo más amplio.
Finalmente, cada mujer y cada hombre varían a lo largo de su vida el modo de sentir, significar y relacionarse con su propio cuerpo.
La sexualidad humana

Tal como hemos dicho al principio de este módulo, la sexualidad es una capacidad que conforma a cada ser humano y que nos permite sentir, vibrar y comunicarnos a través del propio cuerpo. Es algo que forma parte de lo que somos desde el mismo momento en el que nacemos y que permanece en nuestras vidas hasta que morimos. Con lo cual, cuando hablamos de educar la sexualidad, estamos hablando de hacer una educación, no sólo para el futuro de niñas y niños, sino también para vivir mejor su propio presente.
Esto no significa, claro está, que la experiencia de la sexualidad sea la misma en las criaturas pequeñas que en las personas adultas. En la medida que el cuerpo crece y cambia, la experiencia de la sexualidad también se transforma. Desde ahí, es fundamental no dar significados propios de la edad adulta a lo que en realidad tiene otros significados.

Por ejemplo, nada tiene que ver la experiencia de una niña de tres años que mira con curiosidad y toca "la colita" de un niño de su misma edad, que esa misma situación entre personas de veinte años. O sea, no es lo mismo una manifestación de curiosidad infantil que entablar una relación sexual tal como las entendemos y las vivimos las personas adultas.
La sexualidad se manifiesta de forma muy diversa a lo largo de una vida y está en continua transformación. Esto significa que todo ser humano, tenga la edad que tenga, haya tenido las vivencias que haya tenido, siempre tendrá algo nuevo por descubrir y aprender en torno a su propia sexualidad. Por ello, educar la sexualidad no es tratar una serie de contenidos claros y acotados, sino dialogar sobre una experiencia que se nos presenta de modos diversos y a veces imprevisibles en la propia vida.
La sexualidad se manifiesta de forma muy diversa a lo largo de una vida y está en continua transformación. Esto significa que todo ser humano, tenga la edad que tenga, haya tenido las vivencias que haya tenido, siempre tendrá algo nuevo por descubrir y aprender en torno a su propia sexualidad. Por ello, educar la sexualidad no es tratar una serie de contenidos claros y acotados, sino dialogar sobre una experiencia que se nos presenta de modos diversos y a veces imprevisibles en la propia vida.
La sexualidad está presente en el conjunto de nuestro cuerpo. De tal modo que educar la sexualidad es ayudar a que niñas y niños tomen conciencia de las posibilidades que tiene el conjunto de su cuerpo, de mantener vivo cada rincón de su piel y de usar esas posibilidades desde su creatividad y deseo.
Como habrás visto, estamos hablando de la sexualidad desde una perspectiva muy diferente de la que se nos presenta a través de diferentes medios que están al alcance de niñas y niños, como son, por ejemplo, algunos programas de televisión, diversas páginas web o determinados videojuegos. Ello implica, una vez más, la necesidad de dialogar con las ideas preconcebidas que las criaturas traen consigo, escuchar el sentido que dan a esas ideas y darles otros referentes más humanos.
Mitos
En un Instituto de Educación Secundaria, una educadora le preguntó a un grupo de chicas y chicos adolescentes a qué edad creían que empezaba la sexualidad en el ser humano. La gran mayoría dijo que la sexualidad empieza en el momento en que se tiene una mayor maduración física y emocional. Hubo incluso quienes pusieron una edad concreta, los 18 años.
Ante esta respuesta, la educadora les preguntó a qué llamaban sexualidad y, salvo alguna excepción, ellas y ellos hicieron referencia a prácticas coitales. Hubo quien dijo que la sexualidad es aquello que se hace para tener bebés. Sólo dos chicas plantearon una visión más amplia de la misma.
Ante esta respuesta, la educadora les preguntó a qué llamaban sexualidad y, salvo alguna excepción, ellas y ellos hicieron referencia a prácticas coitales. Hubo quien dijo que la sexualidad es aquello que se hace para tener bebés. Sólo dos chicas plantearon una visión más amplia de la misma.

Fuente: www.elpais.com
Con esta conversación, la educadora descubrió que, en general, estos chicos y chicas tenían una visión constreñida de la sexualidad que dejaba fuera otras formas de expresión corporal y de relación piel con piel. Hablaron de la sexualidad como si ésta sólo estuviera en los genitales (y no en todo el cuerpo), sólo se manifestara a través de relaciones sexuales coitales entre un hombre y una mujer (y no pudiera ser vivida de otras muchas maneras y entre personas del mismo sexo), sólo existiera en la edad adulta (y no a lo largo de una vida), etc.
En general, las chicas y algunos chicos hablaron de las relaciones sexuales como algo que ocurre entre dos personas que se quieren o que, al menos, sienten cariño e interés por profundizar en la comunicación con el otro o la otra. Otros chicos, en cambio, plantearon un modelo de sexualidad desvinculado de los afectos nombrándola con palabras sacadas de "anuncios de contactos". Uno de los chicos intentó provocar a la educadora diciéndole que él no necesitaba que nadie le explicara qué era o qué no era la sexualidad, ya que, según él, le bastaba pagar a una mujer para aprenderlo.
De este modo burdo y violento, este chico puso sobre la mesa una forma de entender la sexualidad que también circula con fuerza en nuestro mundo: una cuestión técnica y mecánica desvinculada de los sentimientos y de la comunicación, que rebaja al cuerpo femenino a un simple objeto de consumo.
Se trata, por tanto, de una forma violenta de entender las relaciones sexuales, ya que lo que se pone en juego no es la relación de intercambio sino el poder de usar otro cuerpo. Y, allí donde existe violencia, hay un repliegue de la sexualidad.
La educadora le contestó que le daba pena que él quisiera vivir su sexualidad de ese modo, reduciéndola a simples contactos sexuales, ante lo cual él se quedó sorprendido porque lo que se esperaba era un sermón moral y no una puerta para vivir una sexualidad más sana y, a la vez, más creativa y plena.
En general, esta forma de hablar de la sexualidad no siempre coincide con la sexualidad deseada.
De este modo burdo y violento, este chico puso sobre la mesa una forma de entender la sexualidad que también circula con fuerza en nuestro mundo: una cuestión técnica y mecánica desvinculada de los sentimientos y de la comunicación, que rebaja al cuerpo femenino a un simple objeto de consumo.
Se trata, por tanto, de una forma violenta de entender las relaciones sexuales, ya que lo que se pone en juego no es la relación de intercambio sino el poder de usar otro cuerpo. Y, allí donde existe violencia, hay un repliegue de la sexualidad.
La educadora le contestó que le daba pena que él quisiera vivir su sexualidad de ese modo, reduciéndola a simples contactos sexuales, ante lo cual él se quedó sorprendido porque lo que se esperaba era un sermón moral y no una puerta para vivir una sexualidad más sana y, a la vez, más creativa y plena.
En general, esta forma de hablar de la sexualidad no siempre coincide con la sexualidad deseada.
La educación sexual
Si estás de acuerdo con nosotras en que la sexualidad es algo que nos conforma, estarás también de acuerdo que se trata de algo que no podemos dejar en casa cuando vamos camino de la escuela o dejar fuera del aula en el momento en el que cerramos la puerta.
El modo que tienes de expresarte con tu cuerpo mientras enseñas, de mostrar o de no mostrar tu propia feminidad o masculinidad, de entablar una relación más o menos cálida con tu alumnado, de ruborizarte o de reírte ante determinados comentarios o preguntas, de hablar o de no hablar sobre cuestiones relacionadas con el cuerpo y las relaciones afectivas, es el modo en el que estás educando en la sexualidad, ya que con todo ello, estás transmitiendo ideas, más o menos explícitas, sobre qué piensas y qué sientes en torno a esa capacidad humana.
El modo que tienes de expresarte con tu cuerpo mientras enseñas, de mostrar o de no mostrar tu propia feminidad o masculinidad, de entablar una relación más o menos cálida con tu alumnado, de ruborizarte o de reírte ante determinados comentarios o preguntas, de hablar o de no hablar sobre cuestiones relacionadas con el cuerpo y las relaciones afectivas, es el modo en el que estás educando en la sexualidad, ya que con todo ello, estás transmitiendo ideas, más o menos explícitas, sobre qué piensas y qué sientes en torno a esa capacidad humana.
El modo de enseñar, de comunicarnos, de relacionarnos con nuestro alumnado transmite una forma de entender la sexualidad.
Ocultar, no permitir el diálogo sobre estas cuestiones, evadir preguntas, mirar para otro lado, son también maneras de hacer educación sexual porque, con este tipo de actitud, se dan mensajes sobre el lugar y el peso de la sexualidad en la vida, en el pensamiento, en el aprendizaje.
Si siempre estamos haciendo educación sexual, es mejor tomarse en serio esta tarea y hacerla de forma consciente para poder transmitir realmente aquello que queremos transmitir.
Si siempre estamos haciendo educación sexual, es mejor tomarse en serio esta tarea y hacerla de forma consciente para poder transmitir realmente aquello que queremos transmitir.
En muchas aulas, se hace referencia solo a los componentes biológicos de la sexualidad como son el desarrollo corporal de mujeres y hombres, el papel que juegan las hormonas en todo ello, cómo se produce la gestación humana, etc. Junto a esto, es habitual también, que el centro de la reflexión gire en torno a los peligros que determinadas prácticas sexuales pueden entrañar, como son los embarazos no deseados o las enfermedades de transmisión sexual, y también sobre la necesidad de evitar los abusos sexuales.
Todo ello, siendo importante y necesario, deja fuera lo fundamental: qué es la sexualidad, qué papel juega en nuestras vidas, cómo vivimos y ponemos en juego esa capacidad de expresar afectos y comunicar sensaciones a través del cuerpo sexuado. Quizás por ello, cuando la tutora de un Instituto de Educación Secundaria le preguntó a un grupo de estudiantes qué les gustaría tratar a lo largo del curso, dijeron que "cualquier cosa, menos drogas y sexualidad".
Todo ello, siendo importante y necesario, deja fuera lo fundamental: qué es la sexualidad, qué papel juega en nuestras vidas, cómo vivimos y ponemos en juego esa capacidad de expresar afectos y comunicar sensaciones a través del cuerpo sexuado. Quizás por ello, cuando la tutora de un Instituto de Educación Secundaria le preguntó a un grupo de estudiantes qué les gustaría tratar a lo largo del curso, dijeron que "cualquier cosa, menos drogas y sexualidad".
Para hacer educación sexual de forma consciente no hace falta tener grandes conocimientos o habilidades. Lo importante es tener ganas de escuchar y dialogar sobre los interrogantes, inquietudes, intereses y experiencias de niñas y niños. Y, sobre todo, hacerlo con honestidad, o sea, con lo que en realidad somos, mostrando aquello que sabemos y también lo que no sabemos, aquello que sentimos y no sentimos. No hace falta decir ni hacer nada que nos haga sentir mal ni fingir que "estamos de vuelta" de cosas que realmente no estamos. Se trata simplemente de estar en disposición de entablar una relación real, en la que tanto docente como alumnado puedan descubrir cosas nuevas sobre sí y sobre lo que les rodea.
A veces, cuando se dice que debemos tratar la sexualidad con "naturalidad", lo que nos quieren decir en realidad es que finjamos vivir con tranquilidad lo que en realidad nos resulta difícil. Esto ocurre cuando se considera que "ser natural" es reproducir un determinado cliché, invitándonos a hacer teatro y pasar por encima de lo que realmente somos y sentimos. Pero, esto, de forma paradójica, nos lleva a establecer relaciones artificiales. Es más, con nuestra actitud y nuestro ejemplo, lo que estamos enseñando a las criaturas es a doblegarse ante un papel prefabricado y no a interrogarse a partir de la propia experiencia y a respetar los propios sentimientos e ideas.
Por ello, para hablar sobre la sexualidad, del mismo modo que para hablar sobre cualquier otra cosa relacionada con la vida, es importante no dar la espalda a los propios miedos, deseos, sentimientos y prejuicios. Por el contrario, se trata de tomar todo esto como el punto de partida, como un lugar desde el cuál plantearse qué hacer desde ahí, cómo abordar la educación sexual con lo que hay, de la mejor manera posible, sin que este ejercicio se vuelva en contra nuestra.
Fíjate en estos dos ejemplos:
- Una niña de tres años se toca sus genitales en el transcurso de la clase y eso le resulta violento a su maestra. Ésta le puede decir como eso le hace sentir, por qué le hace sentir así (o sea, le puede hablar de la educación que recibió cuando era niña) y también cómo le gustaría que lo viviera la propia niña (o sea, le puede hablar de su deseo de que esta niña viva la relación con su propio cuerpo con más libertad de como lo ha vivido ella). Y, además, puede aprovechar ese momento para explicarle que esta práctica se hace en la intimidad y no delante de otras personas, pero que no se trata de algo malo, sino todo lo contrario.
- Un chico de catorce años se abraza impulsivamente a su profesor cuando se entera que ha sido seleccionado para jugar en la liguilla de baloncesto del Instituto y el profesor se siente un poco aturdido. Esta es una oportunidad estupenda para que este profesor le explique que no está acostumbrado a este tipo de abrazos, que le gusta mucho que le exprese su emoción y afecto con esa confianza pero que prefiere que la próxima vez lo haga con más cuidado, y que le gusta que los chicos de hoy no tengan las mismas trabas que tuvo él en relación al contacto corporal con otros hombres. De este modo, le estará enseñando a tomar en cuenta a la otra persona cuando se acerca a ella, a valorar la relación corporal con otros hombres sabiendo que cada cual tiene una sensibilidad diferente y, por tanto, que con cada persona puede llegar a establecer un tipo de contacto corporal diferente
- Hablar de Sexualidad
- Quizás te preguntes cómo hablar sobre sexualidad sin violentar ni violentarte. O tal vez lo estés haciendo ya.
En primer lugar, se trata de escuchar: La escucha se da cuando hay aceptación. Implica tomar muy en serio lo que siente la niña o al niño y no olvidarse de que él o ella, aunque le falten palabras y la experiencia para comprender esas sensaciones, es quien mejor sabe cómo vive las cosas. Interpretar, juzgar o anticiparse a lo que nos quieren expresar no es escuchar; tampoco lo es hacer trampa para sacarles información, sino intentar comprender qué está sintiendo y viviendo.Imagina a una profesora que opta por escuchar con cuidado y atención a una niña que encuentra llorando en el baño porque, según dice, le acaba de venir su primera menstruación; hará que esta niña se sienta vista y entendida. Del mismo modo, podrá comprender que ella tiene miedo a crecer y a hacerse mayor. Es más, es probable que, sintiéndose comprendida, esta chica se sienta más inclinada a escuchar a su profesora. Por el contrario, si esta maestra hubiera actuado sin escuchar, es fácil que sus consejos e informaciones estén desligados del problema real de esta chica, de su miedo a crecer y que, por tanto, caigan en saco roto.No se trata de escuchar sólo sus sentimientos, sino de tomar muy en serio también sus inquietudes o preguntas.Así, por ejemplo, si un niño de seis años pregunta por qué las mujeres tienen pechos, le podemos devolver la pregunta para ver qué sabe. Le podemos contar cómo crecen los pechos cuando una mujer se embaraza y cómo eso le permite dar leche al bebé cuando nace; le podemos hablar (si somos mujeres) de cómo nos han ido creciendo los pechos a lo largo de nuestra vida y, si hemos tenido la experiencia de dar de mamar, cómo hemos vivido esta experiencia. Le podemos preguntar si le gusta ver a una mujer dando de mamar a un bebé, si se acuerda de cuando era pequeño y su madre le dio de mamar, etc. Y, si vemos que la conversación da de sí, le podemos explicar además la violencia que sienten muchas mujeres cuando se las valora por el tamaño de sus pechos.Escuchar y tomar en serio las preguntas e inquietudes de chicas y chicos no significa dejar de dar la información que nos parece que es importante que tengan, aunque se trate de una información que no hayan demandado y que tampoco hayan mostrado ningún interés especial hacia ella. Aunque, claro está, para ello es necesario conectar aquello que les queremos decir con sus deseos y necesidades, para que no se transforme en una información vivida como "un rollo más".Para acabar este epígrafe, queremos señalar que no es lo mismo hablar sobre sexualidad siendo un hombre que siendo una mujer. Por ejemplo, volviendo al ejemplo anterior, una mujer puede hablar desde su propia experiencia corpórea de tener pechos, mientras que un hombre puede hablar desde su diferencia y desde lo que sabe sobre el cuerpo femenino. Tampoco es igual escuchar a una niña a la que le cuesta aceptar su propia menstruación siendo de uno u otro sexo. Con una mujer, esta niña puede entablar un diálogo de "mujer a mujer", mientras que con un hombre ella puede expresar esa experiencia desde su diferencia de ser mujer que él, como hombre, puede escuchar y acoger, pero no vivir en la propia piel.Esto no quiere decir que unos u otras no podamos hablar sobre todas las cuestiones relacionadas con el amor y la sexualidad por pertenecer a un sexo y no al otro. Más bien al contrario, hombres y mujeres podemos dialogar sobre cualquier inquietud manifestada por niñas y niños, pero sabiendo que ese diálogo cobrará matices diferentes en función de nuestro sexo y esto, aunque a veces puede ser una limitación, es fundamentalmente una riqueza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario